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Prólogo (Diego Golombek)

Dedicatoria

Agradecimientos

Introducción. ¿Por qué una guía para criar hijos curiosos?

1. Una educación que nos prepare para la vida

¿Qué vale la pena aprender hoy?

¿Qué es ser inteligente? Para ampliar la mirada sobre el talento

¿Qué pasa con todo esto en la escuela?

Inteligencia emocional: aprender a vivir con uno mismo y con otros

¿Talento o esfuerzo?

Los elogios: un arma de doble filo

El efecto Pigmalión

2. Entornos para aprender

Un ambiente rico en estímulos

Contextos donde broten las ideas maravillosas

Las preguntas de los chicos y el aprendizaje profundo

Profundidad, pero también variedad

Ayudar a desarrollar la confianza en uno mismo

Crecer en un contexto de cuidado y atención

La tecnología: ¿amenaza u oportunidad?

Aburrirse puede ser bueno

3. Chispa y andamios: los secretos del aprendizaje

Jugar el juego completo

Aprender en el mundo real

Extender los momentos compartidos

Aprender con otros

Andamios para construir el edificio

¡A practicar!

El secreto del buen feedback

“Umbral ok” y practicar las partes difíciles

El secreto mejor guardado: dormir para aprender

4. Aprender a comprender

¿Cómo se aprende a comprender?

Menos es más

Traducir para ayudar a encontrar sentido

El poder de los diálogos

5. Aprender a pensar

Un ambiente de disfrute del pensamiento

Estrategias para enseñar a pensar

6. Aprender a aprender

La metacognición se aprende (y sirve mucho)

7. Aprender a vivir con uno mismo y con otros

La inteligencia emocional se aprende

¿Te comerías el malvavisco?

Funciones ejecutivas y desarrollo infantil

Persevera y triunfarás

Disciplina positiva

Reconocer, expresar y regular las emociones

8. Final (y una más): ¿cómo elegir escuela para nuestros hijos?

¿Cómo elegir la escuela para los chicos?

Y se acaba (¡pero vuelve a empezar!)

Referencias

Melina Furman

GUÍA PARA CRIAR HIJOS CURIOSOS

Ideas para encender la chispa del aprendizaje en casa

Furman, Melina

© 2018, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

Prólogo

Abre os olhos pra ver o mundo

Tudo é novo para os teus olhos novos

Filho, pai, mãe, orvalho da manhã

Tudo é novo para os meus olhos velhos.[1]

Herbert Vianna, “Luca”

En la escuela del mundo del revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos.

Eduardo Galeano, “Educando con el ejemplo”, La escuela del mundo del revés

De pronto, un día nos convertimos en padres.

Así de estremecedor es el comienzo de este libro; nos recuerda la Mayor Aventura de Nuestras Vidas que, encima, viene sin manual de instrucciones para saber cómo rebobinar, cambiar las baterías, usar el antivirus o aumentar la memoria. Es que “esos locos bajitos que se incorporan” son nuestros tesoros, nuestra inocencia, nuestra inmortalidad. Queremos que sean felices, sanos, buenas gentes, inteligentes, cultos, realizados; queremos darles lo mejor de nosotros y ahorrarles lo peor, los fantasmas, los miedos. ¿Será mucho? Sin duda el camino está plagado de baches y de (pequeños) fracasos, pero también de alegrías, de primeros dientes, de primeras letras, de primeros pasos… de primeros portazos.

Y en ese mundo entra, claro, el aprendizaje, ese cuyo nombre mismo viene de “agarrar”, como si nos permitiera aferrarnos a un tronco salvador, a la baranda, a los andamios con que construimos sueños. Y aquí hace su aparición este libro imprescindible que nos ofrece esos troncos y esas barandas para pensar, para hacernos preguntas y desesperarnos un poquito menos a la hora de alentar, de cuestionar, de elegir el cole y la lista de whatsapps de mamás y papás que nos van a acompañar por largos años.

Por supuesto que la preocupación por el aprendizaje de nuestros hijos no es nueva. Siempre nos preguntamos qué hacer, cómo hacer y cómo no hacer para educarlos. En Cómo atender y cómo entender al niño, un manual para padres y maestros de Florence Powdermaker y Louise Ireland Grimes publicado en 1940, las autoras no se privan de darnos consejos y recomendaciones. Ellas cuentan que el libro es “producto de la observación, en un jardín de infantes, de las dificultades que presentan los niños, como resultado de la falta de preparación de los padres”. Después de semejante noticia, pasan revista a los juegos, la alimentación, el sueño, los niños buenos y los malcriados, las relaciones familiares y el desarrollo general de los párvulos (incluida –sí, créanme– la “educación de los intestinos”). Es más: nos recuerdan que “la excitación con que los padres contemplan a su vástago es en parte, naturalmente, una expresión de su amor hacia él, pero también muestra su noción, consciente o inconsciente, de que el futuro de ese pequeño y desamparado ser depende de la sabiduría de ellos como de su propia herencia”.

Quizá sin saberlo, las autoras se habían metido con un tema que aún hoy es de gran actualidad: cuánto traemos de fábrica y cuánto depende nuestro desarrollo de lo que hacemos con eso que traemos de fábrica. Las investigaciones más recientes, mal que nos pese a los padres, dicen que ellos –los hijos– se las arreglan lo más bien a pesar de todos nuestros esfuerzos por ayudarlos.[2] Esto no quiere decir que no queramos ni debamos intentarlo; todo lo contrario, son nuestros empujoncitos, los cuentos de las buenas noches, los experimentos en una noche de estrellas los que acercan nuestros mundos, nos vuelven preguntones y curiosos y, a la larga, buena gente. Como dice el poeta James Baldwin, es cierto que los chicos no suelen ser muy buenos a la hora de escuchar a sus padres… pero siempre terminan imitándolos.

Y de esos empujoncitos, de esos cuentos y experimentos está hecho este libro mágico que Melina Furman nos regala a todos los que, en estado parental, tenemos esa sensación de que quizá no estamos haciendo lo suficiente, que seguramente hay personas más expertas que pueden proporcionarnos consejos para tener a mano cuando nos tiramos en el piso o en el pasto para acompañarlos con sus ojos nuevos. La educación está en los detalles, afirma Melina, y vaya si nos ofrece muchos de esos detalles que ayudan a crecer, a valorar el esfuerzo antes que el logro, a aprender juntos en un camino de descubrimientos guiados por el amor y la curiosidad.

Entre chispas y andamios, veremos que hay estímulos que promueven un ambiente para el aprendizaje, que la naturaleza y el pensamiento se pueden dar vuelta como una media para llegar al “juego completo”, que podemos soñar con hijos que a su tiempo sean más jardineros que carpinteros, que den sus propios frutos y nos sorprendan con sus preguntas y sus hallazgos. Sabremos también que hay múltiples aprenderes: desde el aprender a comprender hasta, claro, el aprender a vivir. Y todo, pero todo, con ejemplos e ilustraciones directamente extraídos de los cuadernos de laboratorio de los mejores alumnos de Melina: sus propios hijos.

Hay algo de camino en estas páginas, y seguramente también en esta nueva y maravillosa colección de “Educación que aprende” (que nació como prima de “Ciencia que ladra”, convencidos como estamos de que hay que aprender a aprender y a enseñar, siempre desde las investigaciones científicas que lo avalen), de sabiduría que se transmite amorosamente, como en el “Tao te Ching para padres”:

Vayan por una lenta y cuidadosa caminata.

Muéstrenles cada pequeña cosa que los atraiga.

Presten atención a cada pequeña cosa que los llame a ellos.

No busquen lecciones o enseñar grandes hechos.

Sólo miren.

La lección se enseñará a sí misma.[3]

Para finalizar, una advertencia. Leer este libro da ganas de tener hijos, o de volver a tenerlos, o de tener más. Seguro saldrán más curiosos… y felices.

Diego Golombek

[1] Abre los ojos para ver el mundo / Todo es nuevo para tus ojos nuevos / Hijo, madre, padre, rocío de la mañana / Todo es nuevo para mis ojos viejos.

[2] Vean, por ejemplo, lo que cuenta Steven Pinker en La tabla rasa (Barcelona, Paidós, 2018).

[3] William Martin, The Parent’s Tao Te Ching, Nueva York, Da Capo, 1999.

A Ian y Galo, por expandir mi universo.

A Fabio, por ser compañero de aventuras en la vida y en la educación de los chicos.

A Mabel y Aldo, por criarme con amor y libertad.

Agradecimientos

Escribir este libro fue un intenso viaje de lecturas, experiencias, reflexiones y, especialmente, conversaciones con padres, madres, tíos y abuelos que me contaron de sus aprendizajes y preocupaciones en la crianza de sus chicos, y los montones de ideas que vienen probando en sus casas. Durante muchos meses, en cada conversación con amigos y conocidos, mis antenas estaban alertas para encontrar perlitas e ideas que pudieran ilustrar con ejemplos reales toda la inventiva que las familias ponemos en juego en la educación de los niños. A todos ellos va mi profundo agradecimiento.

Gracias por sus comentarios sobre los borradores a mi hermana Vale y a Ary Nosovitsky: con sus miradas agudas y reflexivas me hicieron repensar y potenciar mucho de lo que había escrito.

A Emiliano Chamorro, porque nuestras charlas me ayudaron a encontrar el gran sentido de este libro y me desafiaron a volver sobre muchas de mis ideas iniciales. Gracias infinitas, Emi, por acompañarme con cariñosa exigencia en el proceso de gestar la charla “Aprender en casa” que di en el evento de TEDxRíodelaPlata en 2017, cuyo contenido forma parte, también, de estas páginas.

A Gerry Garbulsky, Mariu Podestá, Gabriel Gellon, Magdalena Fleitas, Josefina Peire, Rebeca Anijovich, Carola Beker, Eduardo Rodríguez Sapey y Noelia Sigüeiro, por compartir conmigo las geniales actividades que hacen con sus hijos y nietos, y sus propios relatos de infancia.

A Axel Rivas y Diego Golombek, por estar pendientes del proceso y recomendarme lecturas y recursos para inspirarme y seguir profundizando.

A Diego Golombek (de nuevo, sí), por ser un incansable creador de mundos e invitarme a idear esta nueva colección de “Educación que aprende”, que tiene por inspiración y modelo su maravillosa “Ciencia que Ladra”, de la que muchos disfrutamos y aprendemos.

A Carlos Díaz, Yamila Sevilla, Marisa García, Raquel San Martín, Paz Langlais y el gran equipo de Siglo XXI, por proponerme embarcarnos en esta aventura de la colección, compartir sus historias de infancia y de crianza y ayudarme con sus ideas y sugerencias a encontrarle el tono a este libro.

A mis padres, porque al criar a mis hijos me encontré reflexionando sobre mi propia infancia, y caí en la cuenta (como nos debe pasar a todos los padres y madres) de lo desafiante e intenso del proceso, y agradecí una y otra vez que hayan elegido (y podido) educarme con amor y apoyo incondicional.

A Fabio y a nuestros hijos. Porque ustedes le dan sentido a todo lo demás.

Introducción

¿Por qué una guía para criar hijos curiosos?

De pronto, un día nos convertimos en padres. Y, aunque creíamos que estábamos más o menos preparados para el desafío, se abre ante nuestros ojos una aventura muchísimo mayor de la que imaginábamos. O, al menos, eso me pasó a mí. Allí están, llenándolo todo con su presencia, nuestros hijos: adorables, hermosos, sorprendentes, intensos, ¡y sin manual de instrucciones!

El misterio del aprendizaje siempre me generó una fascinación especial. Empecé mi recorrido como bióloga e hice mis primerísimas armas en laboratorios de neurociencias en mis tiempos de estudiante. Pero desde hace casi veinte años me dedico de lleno a la educación e investigo qué contextos nos ayudan a aprender y a enseñar mejor. Mi trabajo se centra en entender cómo formar mentes curiosas y potenciar el pensamiento crítico, desde el jardín de infantes hasta que somos adultos. Y muchas de esas lecciones aprendidas formaron parte de proyectos educativos y de formación docente para escuelas de toda la Argentina y de otros países,[4] junto con un equipo cada vez más grande de educadores y científicos apasionados por generar una educación transformadora, que logre que los ojos brillen y los horizontes se expandan.

Desde hace seis años, también soy madre. Y muchos de mis amigos fueron padres recientemente. En esta etapa de la vida, buena parte de nuestras conversaciones giran alrededor de los chicos. Solemos compartir los montones de interrogantes (¡y dudas existenciales!) que se nos abren acerca de cómo acompañarlos lo mejor posible en la gran aventura de la vida, en el marco del trajín diario que no siempre nos deja “parar la pelota” para pensar.

Personalmente, la experiencia amorosa de acompañar a mis hijos en su aprendizaje es lo más increíble e intenso que me pasó y que me pasa. Me fascina, me llena de ternura, me agota a veces, como a todos los padres y las madres, y me genera también un sinfín de preguntas y reflexiones que compartimos con mi esposo en nuestras conversaciones cotidianas: ¿lo estaremos haciendo bien? ¿Cómo elegir el jardín y la escuela a la que vamos a mandarlos? ¿Qué tipo de actividades podemos hacer en casa con ellos? ¿Qué juegos valen la pena? ¿Cuánto exponerlos a la tecnología? ¿Cómo potenciar sus intereses? ¿Cómo despertar su curiosidad por temas que consideramos importantes pero que no siempre los atraen tanto? ¿Qué otras experiencias queremos ofrecerles fuera de lo que hacen en la escuela? ¿Cuánto es suficiente? ¿Cuánto es demasiado?

A partir de mi viaje personal como educadora e investigadora en educación, y ahora también como madre, nace este libro. Soy mamá de mellizos, y la experiencia de criar a dos niños de la misma edad en simultáneo me abrió aún más preguntas (¡que con seguridad valdrán para cualquiera que tenga más de un hijo!): ¿cómo balancear lo compartido y lo individual? ¿Cómo educarlos para que se apoyen mutuamente? ¿Cómo potenciar los talentos y deseos de cada uno, pero sin cerrarles la puerta a experimentar cosas nuevas? ¿Cómo acompañarlos para trabajar en aquello que más les cuesta?

Al charlar con amigos padres y madres que no se dedican a la educación, siempre me sorprende notar que muchísimas de las grandes ideas de la pedagogía, la didáctica, las ciencias cognitivas y las neurociencias, avaladas por décadas de investigación académica y que pueden darnos pistas muy valiosas para orientar la educación de nuestros hijos, no son tan conocidas.

Hoy, por ejemplo, sabemos bastante sobre qué tipo de estrategias funcionan mejor para ayudar a los niños a construir aprendizajes profundos y a aprender capacidades para la vida. Tenemos buenas claves sobre cómo desarrollar el sentido de autoeficacia y la inteligencia emocional. Sabemos cómo generar contextos de aprendizaje que despierten el gusto por aprender casi cualquier tema. Conocemos estrategias para fomentar la creatividad y el pensamiento crítico. Y creo que vale la pena compartirlas, porque nos dan herramientas para tomar mejores decisiones, o al menos para empezar a respondernos algunas de las grandes preguntas que nos desvelan.

Por mi parte, estoy convencida de que nuestra intuición es la mejor brújula interior que tenemos para educar a nuestros chicos. Creo que cuando nos conectamos con lo que nos pasa y escuchamos a nuestras “tripas”, tomamos las mejores decisiones posibles. Y que cada uno de nosotros sabe, como padres y madres que somos, quién es su hijo o su hija, qué los apasiona, qué les disgusta, qué los conmueve, por dónde pasan sus fortalezas y aquello que les resulta difícil (¡aunque a veces podamos ser ciegos a algunas cosas!). Y también sabemos quiénes somos nosotros: cuáles son nuestros valores, nuestras expectativas, en qué tipo de mundo queremos vivir y cuáles han sido nuestras experiencias y lecciones aprendidas del pasado.

Pero también creo que cuando combinamos nuestra intuición con el conocimiento, se abren nuevas posibilidades para el pensamiento y la acción que nos permiten ir mucho más lejos. Que podemos decidir con más confianza en lo que hacemos. Que, de ese modo, se amplía nuestro universo de opciones. De eso, justamente, se trata este libro. De acercar ideas e investigaciones que brindan herramientas útiles para estar mejor parados en el fascinante camino de educar a nuestros chicos (¡disfrutando en el proceso, claro!). Para esto, además de contar lo que descubrieron otros colegas científicos y educadores, voy a compartir experiencias e investigaciones propias e historias de amigos y conocidos que fui recogiendo a lo largo de la escritura de este libro, que ayudan a traducir eso que sabemos del ámbito académico y de la práctica educativa en estrategias concretas para probar con los chicos en familia.

Cómo se organiza este libro

Escribo este libro con el propósito de que sirva para pensar en la educación en todas las edades. Si bien los ejemplos que doy se centran sobre todo en el período que va desde la primera infancia al final de la escuela primaria, muchas de las ideas que van a encontrar pueden aplicarse al proceso de aprendizaje en general, incluso de los adultos.

Los primeros tres capítulos proponen una visión general sobre el porqué, el qué y el cómo de la educación de nuestros hijos. El capítulo 1 plantea como horizonte una educación que nos prepare para la vida a partir del desarrollo de algunas capacidades troncales: aprender a comprender, a pensar, a aprender y a vivir con uno mismo y con otros. Desde ese punto de vista, replantea la visión tradicional de la inteligencia y habla de cómo ayudar a los chicos a construir una mentalidad basada en el esfuerzo.

El capítulo 2 se ocupa de la importancia de generar entornos de aprendizaje estimulantes, tanto desde el punto de vista cognitivo como desde el afectivo, que amplíen el repertorio de recursos de los chicos, les propongan desafíos alcanzables y los ayuden a construir un sentido de la autoeficacia que les permita seguir aprendiendo con autonomía. Y dentro de los entornos para aprender, aborda una de las grandes obsesiones que solemos tener los padres: la relación de los chicos con la tecnología.

El capítulo 3 desmenuza aún más las características de los buenos contextos de aprendizaje: ahonda en cómo encender la chispa por aprender cualquier tema, y en cómo acompañar a los chicos ante los desafíos que les resultan difíciles, incluyendo la importancia de la práctica deliberada y el rol de las horas de sueño.

Los siguientes cuatro capítulos profundizan sobre cómo desarrollar los grandes aprendizajes que definí como troncales para la vida, a partir de ideas, ejemplos y estrategias concretas para probar en casa.

El capítulo 4 (Aprender a comprender) habla de cómo generar oportunidades de aprendizaje profundo que ayuden a los chicos a usar el conocimiento en situaciones nuevas y lo tornen propio y relevante.

El capítulo 5 (Aprender a pensar) plantea caminos para aprender a pensar de maneras creativas y al mismo tiempo rigurosas, haciéndonos buenas preguntas que nos ayuden a investigar, planificar caminos para la acción, resolver problemas y considerar distintos puntos de vista.

El capítulo 6 (Aprender a aprender) propone estrategias para desarrollar la autonomía sobre el propio aprendizaje que nos permitan aprender durante toda la vida y fomenten la toma de conciencia sobre el propio proceso de pensamiento (¿qué sabemos bien? ¿Qué entendimos a medias? ¿Cómo sabemos lo que sabemos? ¿Qué nos hace pensar eso que pensamos? ¿Cómo podemos aprender eso que nos falta?).

El capítulo 7 (Aprender a vivir con uno mismo y con otros) se refiere al desarrollo de la autorregulación y las llamadas “habilidades blandas” –como la persistencia, la empatía, la capacidad de planificación y la de colaborar con otros– entre muchas otras que hacen, en conjunto, a la inteligencia emocional de los niños.

El capítulo 8 sintetiza el camino recorrido y extiende la invitación a seguir explorando. Y propone, de “yapa”, algunas claves para pensar en una de las grandes preguntas que nos obsesiona a muchos padres: ¿cómo elegir la escuela para nuestros hijos?

Al final del libro se encuentran las referencias completas de los estudios y autores que aparecen a lo largo de los capítulos, para quienes quieran profundizar.

Este libro está pensado para padres y madres, para abuelos y abuelas, para tíos y tías y todos los adultos que estén embarcados, en cualquier medida, en el fascinante camino de acompañar a los chicos en su crecimiento. También para los maestros, profesores, educadores no formales, directores, formadores docentes, pediatras, profesionales relacionados con la infancia y educadores de cualquier tipo, con el deseo de que encuentren en estas páginas algunas pistas interesantes para enriquecer su trabajo cotidiano.

Recuerdo el día en que se me cayó el primer diente. Tenía 6 años y esperaba ansiosa el regalo que iba a recibir, como me habían contado mis amigos. A la mañana siguiente, encontré bajo la almohada un libro de cuentos, lleno de imágenes preciosas. Y después de ese, con cada diente que se caía, llegaban otros nuevos. Por algún extraño motivo, mi ratón era un amante de los libros. No me traía dinero ni juguetes, como a algunos de mis compañeros. Era un ratón librero. Conversando con mis padres, hace poco, me contaban que la idea del ratón que trajera libros fue algo que simplemente se les ocurrió un día, y después lo mantuvieron, porque les pareció una buena idea. Ellos querían que para mí la lectura fuera un regalo. Y esa fue una de las maneras que encontraron para lograrlo.

Ahora que soy mamá, siempre pienso que la educación está en los detalles. En esas decisiones, a veces chiquitas, que tomamos como padres todos los días mientras estamos ocupados haciendo otros planes. Como la del regalo de mi ratón de los dientes. Porque muchas veces son esos detalles los que terminan generando climas, contextos y valores que nos moldean para toda la vida.

De eso se trata este libro. De cómo acompañar a los chicos en su aprendizaje a partir de las elecciones que hacemos todos los días en casa. De cómo traducir algunas de las grandes ideas del campo de la educación a conversaciones, actividades y juegos que pueden tener un enorme impacto en su formación. Porque son esas experiencias compartidas las que van a moldear su vínculo con el conocimiento y les van a dar las herramientas para (y el deseo de) seguir aprendiendo siempre.

Nota imprescindible

Estos son tiempos de cambio, de diversidad e inclusión. Y el lenguaje pone de manifiesto nuestras contradicciones, dudas, idas y vueltas. Atrás quedó la incuestionabilidad del masculino “inclusivo”. Estamos probando, haciendo ajustes, intentando que el lenguaje no oculte. Y este libro muestra también la transición, la variedad. Y aunque en nuestra elección predomina el masculino, importa que nadie quede afuera: padres, madres, chicos, chicas, chiques, chicxs.

[4] Entre ellos están la asociación de campamentos científicos Expedición Ciencia, el Programa de Educación en Ciencias de la Universidad de San Andrés, el curso sobre creatividad e innovación “El mundo de las ideas”, los proyectos de transformación educativa Escuelas del Bicentenario, Ciencia y Tecnología con Creatividad y PLANEA, el programa de televisión La casa de la ciencia, del canal infantil Paka Paka, el sitio web para chicos Experimentar, el programa de formación docente Urban Science Education Fellows de la Universidad de Columbia, el curso de Innovadores Educativos del CIPPEC, el proyecto para escuelas secundarias Clubes TED-Ed y las capacitaciones docentes de Ciencias Naturales del Instituto Nacional de Formación Docente de Argentina. Este es mi primer trabajo pensado para padres (¡y me encanta el desafío!).

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[5] Plasmado, por ejemplo, en su libro Desarrollo y libertad (Buenos Aires, Planeta, 2000).

[6] Las habilidades del siglo XXI fueron propuestas por el consorcio no gubernamental Partnership for 21st Century Learning, formado por educadores, familias, empresarios y agrupaciones sociales. Disponible en <www.p21.org>.

[7] Estos pilares surgen del informe para la Unesco de la Comisión Internacional para la Educación del Siglo XXI, de 1994, titulado La educación encierra un tesoro.

[8] Hablaremos de aprendizaje profundo varias veces a lo largo del libro. En psicología del aprendizaje, este se define en contraposición al aprendizaje superficial, e incluye la capacidad de entender qué es lo importante de un tema o de un concepto, de establecer relaciones entre estos y otros, y de ponerlos en juego en distintos contextos.

[9] Un gran libro para profundizar en la historia de las concepciones sobre la inteligencia es La falsa medida del hombre, de Stephen Jay Gould (Barcelona, Crítica, 1997).

[10] Para profundizar en la teoría de Gardner y en las evidencias que le dieron origen, pueden consultar el libro Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, publicado originalmente en 1993 (Nueva York, Basic Books) y en español en 1994 (Barcelona, Paidós).

[11] Por ejemplo, a partir de las investigaciones de Carol Dweck, que describimos más adelante en este capítulo.

[12] Para profundizar sobre este enfoque, pueden consultar el libro de Rebeca Anijovich y colegas Una introducción a la enseñanza para la diversidad (Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2004).

[13] Por ejemplo, las de la investigadora Adele Diamond, referente en el desarrollo de las funciones ejecutivas, que describiremos en el capítulo 7.

[14] En el capítulo 7 discutiremos el impacto del desarrollo de capacidades socioemocionales en los niños.

[15] Dweck es autora de varios libros sobre el tema, como Mindset: la actitud del éxito (Málaga, Sirio, 2016). En 2014 dio una charla llamada “El poder de creer que se puede mejorar” en un evento TEDx, que popularizó sus teorías sobre la mentalidad de crecimiento, y actualmente tiene varios millones de vistas en la web.

[16] Si bien se usa muy frecuentemente, la metáfora de que nuestro cerebro se vuelve más fuerte al ejercitarlo, como si fuera un músculo, no es correcta, aunque puede servir con fines educativos, como en este caso. Lo que sucede es que, cuando aprendemos algo, el cerebro reorganiza sus redes neuronales: establece nuevas conexiones y fortalece, debilita (o a veces desarma) las conexiones que ya tiene.

[17] Sus investigaciones dieron origen al libro Pygmalion in the classroom: Teacher Expectation and Pupils’ Intellectual Development, publicado en 1968 y reeditado en 2003 por Crown House Publishing. En español: Pygmalion en la escuela. Expectativas del maestro y desarrollo intelectual del alumno (Madrid, Marova, 1980).

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[18] Desde hace algún tiempo se sabe que hay neurogénesis (nacimiento de nuevas neuronas) a lo largo de la vida en algunas regiones específicas del cerebro, aunque su función todavía es materia de debate. Se trata, sin embargo, de un porcentaje muy pequeño comparado con el total de neuronas.

[19] El caso de Kevin forma parte de su hermosísimo libro Cómo tener ideas maravillosas y otros ensayos sobre enseñar y aprender (Madrid, Aprendizaje Visor, 1994).

[20] Por ejemplo, en los programas con escuelas de toda la Argentina Escuelas del Bicentenario y Ciencia y Tecnología con Creatividad.

[21] Bandura relata los resultados de sus investigaciones en varios libros, entre ellos Self-efficacy: The Exercise of Control (Nueva York, W. H. Freeman, 1997).

[22] El proyecto, encabezado por Nathan Fox, Charles Nelson y Charles Zeanah, dio origen a numerosas publicaciones académicas que pueden consultarse en <www.bucharestearlyinterventionproject.org>.

[23] Para encontrarlos pueden escribir en el buscador la frase “still face experiment” y Edward Tronick.

[24] El trabajo fue publicado en la revista académica PLOS One en 2015 bajo el título “Neglect in Human Communication: Quantifying the Cost of Cell-Phone Interruptions in Face to Face Dialogs”.

[25] Para profundizar sobre el tema, pueden consultar el volumen 3 del informe PISA 2015, focalizado en el bienestar de los estudiantes (Student well-being), disponible en <www.oecd.org>.

[26] Como el Scratch y el Scratch Jr.

[27] Como el Easy Music (para crear música) o Toontastic (para dibujar y crear historias animadas).

[28] Con programas como el Google Earth, o con el simple hecho de buscar imágenes e información en la web sobre países que querríamos conocer.

[29] Con juegos como el Minecraft, SimCity u otros similares.

[30] En estas notas doy algunos pocos nombres orientativos, a sabiendas de que continuamente el mercado de las aplicaciones tecnológicas propone nuevos recursos.

[31] Se trata de una pequeña parte del cerebro formada por dos estructuras conectadas entre sí, llamadas “núcleo accumbens” y “área tegmental ventral”.

[32] Lightbot, que se puede bajar de forma gratuita. Otra herramienta que usamos seguido para que aprendan a programar es Pilas Bloques, desarrollada en la Argentina por Program.Ar y a la que se puede acceder gratuitamente en <pilasbloques.program.ar>.

[33] Este estudio, “Does Being Bored Make Us More Creative?”, fue publicado por las investigadoras Mann y Cadman en la revista Creativity Research Journal en 2014.

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[34] Lave y Wenger publicaron los resultados de sus investigaciones en un excelente libro llamado Situated Learning. Legitimate Peripheral Participation (Cambridge, Cambridge University Press, 1991), que ha sido muy utilizado por educadores de todo el mundo para pensar el trabajo en comunidades de práctica.

[35] El relato forma parte del libro de Perkins Aprendizaje pleno. Principios de la enseñanza para transformar la educación (Buenos Aires, Paidós, 2010).

[36] Pueden ver otros ejemplos en una charla que di en el evento TEDxRíodelaPlata, llamada “Preguntas para pensar”, en <goo.gl/6LmXH5>.

[37] Muchas investigaciones muestran esta lejanía entre los enfoques pedagógicos activos y la realidad de las aulas. Por ejemplo, un estudio que hicimos en escuelas primarias de la ciudad de Buenos Aires, en el que encontramos que los chicos pasan más del 80% del tiempo de clase en propuestas pasivas de baja demanda cognitiva, como copiar del pizarrón o responder cuestionarios de preguntas fácticas (Furman y otros, 2018), algo que también observamos en escuelas secundarias (Tiramonti y otros, 2017).

[38] Este experimento aparece en un libro que escribí para chicos: 100cia para chicos. Experimentos en la cocina (Buenos Aires, Chicos.net, 2004).

[39] Cuadernos de un delfín, de Elsa Bornemann.

[40] Aquí un dato importante: las tortas que comamos crudas no deben tener huevo, para evitar riesgos de contraer una infección por la bacteria Salmonella.

[41] Para profundizar en la gran obra de Vygotsky, vale la pena comenzar por su libro El desarrollo de los procesos psicológicos superiores (Barcelona, Crítica, 1978), en el que analiza el desarrollo de la percepción, la atención, la memoria, el lenguaje y el juego y su influencia en la educación de los niños.

[42] Sus resultados están en el libro Teach Like a Champion (San Francisco, Jossey-Bass, 2010), en el que compila las técnicas de enseñanza que ponen en práctica los docentes excepcionales de su estudio, acompañado por videos que muestran esas técnicas en acción en aulas reales.

[43] La regla de las 10.000 horas de Gladwell se basa en gran medida en el trabajo de Anders Ericsson de 1993, en el que este analiza la experticia en distintos dominios y su relación con las horas de práctica deliberada.

[44] Véase, por ejemplo, el estudio de MacNamara, Hambrick y Oswald de 2014 (“Deliberate Practice and Performance in Music, Games, Sports, Education, and Professions: A Meta-Analysis”) en el que analizan ochenta y ocho artículos académicos sobre el tema y encuentran que el impacto de la práctica no es tan grande como se pensaba, y que varía según la tarea.

[45] Esta frase la tomé del libro Crianza y arte, de mi amiga Magdalena Fleitas (Buenos Aires, Grijalbo, 2013), y me ha servido en muchas ocasiones.

[46] Para conocer más sobre las investigaciones acerca del rol biológico del sueño, pueden consultar el libro Sleep and Brain Activity, del investigador Marcos Frank (Óxford, Elsevier Academic Press, 2012).

[47] Wamsley, E. J. y otros (2010). “A Brief Nap Is Beneficial for Human Route-learning: The Role of Navigation Experience and EEG Spectral Power”, Learning and Memory, 17(7): 332-336.

[48] Véase, por ejemplo, el artículo de Shank, Sylvan y Daniel Margoliash (2009), “Sleep and Sensorimotor Integration During Early Vocal Learning in a Songbird”, Nature, vol. 458, pp. 73-77.

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[49] En 1929 Whitehead decía una frase que bien podríamos escuchar en cualquier conferencia educativa de hoy: “Mantener el conocimiento vivo, o prevenir que se vuelva inerte, es el problema central de toda la educación”.

[50] Pablo Garrido, mi profesor de 5º año.

[51] Estos ejemplos forman parte de los Cuadernos para el aula, elaborados por el Ministerio de Educación argentino en 2006.

[52] De sus fundadores, Howard Gardner y David Perkins, hemos hablado ya en este libro. Mencionamos también este proyecto cuando hablamos de “la escalera de feedback”.

[53] Estas facetas de la comprensión están adaptadas del libro Understanding by Design, de Grant Wiggins y Jay McTighe, pioneros en llevar la enseñanza para la comprensión a las escuelas.

[54] Para conocer más sobre el proyecto, pueden ver el documental Maravillas en <www.documentalmaravillas.com>.

[55] Observo esto especialmente en las áreas de Ciencias Naturales y Sociales, porque en Matemática y Lengua los contenidos tienen una lógica más secuencial, si bien muchas veces tampoco se dedica suficiente tiempo a cada uno.

[56] Jean Piaget llamó “asimilación” a este mecanismo en el que los nuevos elementos se añaden a los esquemas mentales que los niños ya poseen (el otro proceso complementario que propuso Piaget es el de “acomodación”, en el cual el esquema mental cambia a partir de la incorporación de esos nuevos elementos).