Hilos1

Elogio de los afortunados

Años de prejuicios y la ilusión de controlar la realidad nos han hecho desconfiar de lo inesperado, de donde creemos que llegan las más inquietantes amenazas. Pero, si bien es cierto que a veces de lo imprevisto aparecen riesgos y hasta catástrofes, el vivir en estado de alerta permanente nos puede privar de reconocer una oportunidad.

En el reverso del miedo a lo incierto, viven los ilusos e imprudentes, que dilapidan recursos con la esperanza de que alguna timba los pueda salvar. Insisten, a pesar de que cada vez la realidad les demuestra que el valor de la suerte no se limita a las improbables chances de ganar en el casino o en el juego.

La novedad es que ahora los científicos de muy diversas disciplinas, entre ellas la economía, nos enseñan que el azar tiene una presencia significativa en cada una de las actividades humanas, ya que no es posible controlar todas las variables de un mundo multideterminado.

Las certezas se han volatilizado y hoy se habla de un escenario incierto, complejo y ambiguo. Quizá no estábamos más seguros antes, pero creíamos estarlo. El mundo era más lineal, las estructuras más rígidas y formales, y el modelo determinista de pensamiento hacía que creyéramos posible domesticar las variables a través de la lógica, la sensatez y la razón.

En este nuevo contexto comenzamos a prestar atención a cierto tipo de personas que reconocemos como afortunados. Gente que encuentra sin buscar. Privilegiados a los que la suerte les sonríe. No porque no hayan tenido problemas ni hayan sufrido dolores o tristezas, sino porque se recuperan de los fracasos con su esfuerzo y resiliencia, pero también porque la vida les ofrece siempre nuevas oportunidades.

Son a la vez inquietos y pacientes. No dejan de lado sus objetivos, pero amplían su campo de percepción, atentos a la oportunidad. Expertos en el juego dinámico de enfocar y desenfocar, miran de cerca y de lejos, en un contrapunto entre alerta y relajación.

Van por el mundo con curiosidad, en una atención flotante, en la que no miran sólo con los ojos. Intuyen, perciben tendencias, descubren el misterio que se encuentra entre las personas y las cosas. Ven conexiones donde nadie las ve. Encuentran tesoros en lo cotidiano. Detectan talentos y recursos donde nadie imagina.

Las miradas envidiosas los espían de reojo intentando adivinar qué los hace tan afortunados.

El secreto es que son amigos de lo aleatorio, acogen la diversidad de las ideas y las personas sin prejuicios ni preconceptos. Encuentran más proyectos originales y más gente interesante. ¿O será que reconocen lo original y lo interesante donde otros no lo ven?

Con frecuencia tienen éxito. A veces con un crecimiento exponencial e inesperado. Otras con logros no siempre resonantes, pero con un bienestar material con más sentido y alegría. Son los que no necesitan reflectores porque brillan con su propia luz.

Talento, trabajo, esfuerzo y compromiso son condiciones esenciales para lograr estos objetivos. Pero estamos comenzando a intuir que saber andar por el mundo dejando que la casualidad nos sorprenda, que juegue a nuestro favor, activando coincidencias y sincronicidades, no es simplemente una actitud optimista. Es más bien una comprensión lúcida de que el exceso de control sobre la realidad no va a evitar que lo aleatorio nos desestabilice, pero nos privará de los potenciales beneficios del encuentro con las oportunidades.

Y cuando lo bueno sucede, nos sentimos seguros y fuertes. La confianza en nosotros mismos crece, pero a la vez comenzamos a creer que el mundo, los otros, la suerte, jugarán a nuestro favor. Así confianza en uno mismo y confianza en el ambiente nos acompañan, y desde ese lugar, nosotros también nos sentimos parte del universo de los afortunados.

Sonia Abadi

LA PRODIGIOSA
Trama

VARIACIONES EN
CLAVE DE RED

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Variaciones en Clave de Red

Tenía que contarlo. ¡No puedo dejar de ver la red en todo! Me obsesiona, me convoca, me interpela. En cada acontecimiento se me aparece en toda su desnudez. Y me lleva a comprender con mayor claridad lo que me pasa, lo que les sucede a otros y lo que está pasando a mi alrededor.

Creo que esta insistente visión inaugura un modo de decodificar nuestras experiencias. Por eso, los invito a detectar y explorar sus propias redes. Quizá se encuentren en algunos de los personajes, actitudes y situaciones que irán apareciendo en estas páginas.

Este es un texto en el que las historias se entrelazan, creando un tejido singular y colorido. ¡Cómo olvidar que texto y textil tienen el mismo origen!

Recorriendo las anécdotas, podrán descubrir la red invisible que nos define y nos condiciona. También, revisar las conexiones mentales que son la base de nuestro potencial creativo. Y examinar los modos en que nos relacionamos cuando generamos vínculos vitales y expansivos.

A la vez podrán ver con nitidez los nudos del pensamiento, hechos de miedos, prejuicios e ideas dogmáticas. Y las restricciones para crear vínculos, ancladas en los círculos cerrados, la discriminación y el desconocimiento de la diversidad que nos rodea.

El Pensamiento en Red. Antes de seguir, quiero contarles de dónde venimos. Hace algunos años, tratando de desentrañar los hilos de la creatividad, la co-creación y la innovación, me encontré con la ciencia de las redes vivas, las redes humanas. A partir de allí, comencé a investigar los efectos de red que aparecían en el modo en que pensamos y trabajamos. En la vida cotidiana, las organizaciones, las instituciones educativas, las comunidades.

Empecé a contar y compartir las conclusiones reveladoras que iba encontrando. Aún estaba en plena investigación cuando ya me pedían que enseñara creatividad e innovación, a partir de estas nuevas teorías que estaba descubriendo y desarrollando.

Así fue que inicié el camino de la capacitación, brindando cursos, workshops, conferencias. Al comienzo no tenía material escrito, salvo la bibliografía multidisciplinaria que me había inspirado. Armaba apuntes para cada clase, los imprimía y fotocopiaba, y los repartía entre los asistentes.

Después de un tiempo de trabajo, un participante habitual se me acercó con su carpeta, en la que prolijamente había archivado todos los apuntes, y me dijo: “Aquí tenés un libro”. Y tenía razón.

Ordené el material, llené los espacios que requerían más y mejores explicaciones. Al poco tiempo, publiqué el libro Pensamiento en Red, Conectando Ideas, Personas y Proyectos. Después vinieron el ebook y el audiolibro.

Ese libro me llevó de viaje, como suelen hacer los libros. Y anduve por ciudades y países, predicando y practicando el trabajo en red, y compartiendo los fundamentos del Paradigma Colaborativo. El encuentro con la ciencia de las redes me había abierto un mundo fascinante e inagotable.

En cada lugar detecté situaciones divertidas, otras conmovedoras y algunas hasta dramáticas. Gente enredada, gente tejiendo redes, gente que se anuda con cualquier cosa y gente con la habilidad de desatar los nudos. Descubrí que muchos actuamos de un modo lineal, vertical, y otros somos más conectivos y asociativos.

Y lo mismo observé en familias, empresas y comunidades. Algunas jerárquicas, robustas, pero pesadas y con poca cintura. Otras ágiles, livianas, interactivas y abiertas.

Publiqué ideas sueltas y textos en diversos medios, grabé podcast y videos contando ejemplos de las formas en que las redes se expresan. Y llegó el momento de juntarlo todo. Esta vez no había nadie que me dijese: “Aquí tenés un libro”, pero entendí que lo tenía.

Son anécdotas breves, algunas en primera persona, que nos muestran nuestras luces y sombras. Y en cada una asoman el humor, la ternura, el ingenio, y también la colaboración y la solidaridad. Todos instrumentos que nos asisten en la vocación de vitalizar las redes que nos unen.

Me gustaría que algunos textos les provoquen esa particular experiencia de sentir sorpresa y reconocimiento a la vez. “No lo había pensado, pero es exactamente lo que me pasa”. O bien, “Siempre lo pensé, pero no sabía que hay una ciencia que lo explica”.

Hay relatos muy variados, aunque todos se entrelazan desde algún lugar. Por eso son “variaciones en clave de red”, que muestran la trama prodigiosa en su extraordinario potencial.

El Infiltrado. Me encontraba en un ritmo febril, escribiendo, corrigiendo, compartiendo ideas, entre el desasosiego y el entusiasmo. Venía tejiendo mi libro red, cada nodo estaba ya en su lugar, y de pronto, se fragmentó la trama, causando un quiebre en la continuidad de nuestras vidas. Nos atravesó el nefasto virus y con él el encierro, la reclusión. Y se me cayó el sistema. Me desconfiguré.

Mi proyecto se detuvo, no sabía cómo seguir. Sentí la necesidad de calmar la angustia, de refugiarme en otras cosas, leer, bailar, cocinar. Hablar con mi gente. Y mirar todo de nuevo.

Con las redes al rojo vivo, más calientes que nunca, en un instante el mundo tomó conciencia del poder descomunal de las redes humanas y su capacidad exponencial de contaminarlo todo.

Cada uno de nosotros sintió en carne propia los efectos de la conectividad, lo cerca que estamos. Pero a la vez descubrimos que las mismas conexiones que difundían la siniestra epidemia podían ser vectores para viralizar empatía y solidaridad, y asumir nuestra pertenencia al mundo.

Éramos todos parte de ese entramado, aunque cada uno lo vivía a su manera, transitando su propia historia y circunstancias, desde lo íntimo hasta lo épico.

Entonces, mientras releía las historias ya terminadas, comencé a escribir acerca de este inquietante escenario. Lo que vivía, escuchaba y percibía se fue infiltrando en el libro.

Tuve que abrir un espacio para alojar los reflejos de este nuevo momento que nos tocó vivir. Así nació el Intervalo, hijo natural de la pandemia y el confinamiento. Día a día, noche a noche, lo cotidiano se llenó de situaciones y emociones inesperadas. Y otra vez me pasaron cosas que no podía dejar de contar.

¡Bienvenidos a La Prodigiosa Trama!

Sonia Abadi

Interior

PARTE 1

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Somos red

¿Cómo definir en pocas palabras qué son las redes vivas? En los últimos años se publicaron diversos libros y artículos que explican los modos en que se organizan los grupos y las comunidades. Los investigadores de las redes sociales descubrieron que hay patrones que se replican en la forma en que las personas se conectan entre sí.

La ciencia de las redes, heredera de la física y la sociología, nos enseña que existen dinámicas que las definen y estrategias para crearlas y gestionarlas.

A su vez, la neurociencia viene revelando la manera en que se ensamblan las redes neuronales. Se habla de plasticidad neuronal y de cómo, a partir de cada nueva experiencia o acontecimiento, se activan diferentes circuitos en el cerebro.

En ambos casos se trata de la dinámica de las redes vivas.

Por su lado, el psicoanálisis ya conocía el modelo que explicaba cómo el pensamiento se construía en forma de redes. Formales y predecibles del pensamiento lógico, ordenado y secuencial. Azarosas e informales las que dan lugar a la intuición, la empatía, la creatividad y el sentido del humor.

Lo asombroso resultó ser que las neuronas, las ideas, las personas y las organizaciones se conectan y activan de modos muy similares. Hoy se sabe que todos los sistemas vivos se comportan como redes, con dos tipos de conexiones llamadas lazos fuertes y lazos débiles. Los lazos fuertes son formales y previsibles, y los débiles, informales y azarosos.

Albert Laszlo Barabasi, el físico de las redes, afirma en su libro Linked, que el descubrimiento de que tanto los sistemas vivos como las personas en una sociedad funcionan como redes complejas, que incluyen el orden y lo aleatorio, no es una revolución sino una revelación. Esto siempre fue así pero no lo sabíamos.

Pero hay más. Hoy sabemos que las interacciones con otras personas cablean el cerebro diseñando nuevos circuitos neuronales. A la vez, las conexiones múltiples y variadas entre ideas nos hacen más aptos para generar nuevos vínculos y relacionarnos asociativamente. Casi se podría decir que esta doble vía es la base de la co-creación y la innovación abierta.

Cuando incorporamos una idea original, la mente activa nuevas conexiones. Y lo mismo sucede con las relaciones entre las personas. Al interactuar con alguien nuevo, no sólo se ampliará la red de nuestros contactos, sino también la trama de nuestras ideas.

Imaginemos un grupo de cuatro o cinco parejas que se reúnen habitualmente a cenar en casa de una de ellas. Tienen mucho en común, se conocen hace tiempo, comparten varios temas de conversación. Esa tarde, un miembro del grupo llama al anfitrión: “Ayer llegó mi hermano, el ingeniero hidráulico que vive en Ámsterdam, ¿lo puedo invitar a la cena?”. El invitado resulta ser alguien interesante, que ha vivido experiencias desconocidas para los integrantes del grupo.

Esa noche se hablará de otros temas, y algunos contarán experiencias o mostrarán conocimientos que los otros desconocían. Surgirán nombres e historias de amigos en común. La dinámica del evento cambiará y cada uno volverá a su casa pensando cosas nuevas.

¿Cómo explica esto la ciencia de las redes? Con un teorema. Cada vez que a una red de lazos predecibles se le agrega un lazo azaroso, aumenta la conectividad de toda la red. Y esto sucede en la mente y también en los vínculos.

Imaginemos ahora que un equipo de profesionales decide crear una red que los integre y pueda convocar a otros de la misma especialidad. O que una empresa se proponga crear la red de clientes con el objetivo de ampliar su presencia en el mercado.

En este caso se están eligiendo los nodos que van a ser parte de esa red y también el eje que los conecta. Lo que van a obtener es un círculo de lazos predeterminados que representan los objetivos compartidos y fortalecen la red. Pero para ser una genuina red viva, se necesita detectar otras afinidades imprevistas, por fuera del denominador común. Un deporte, un hobby, algún interés que promueva otras interacciones. Esos lazos informales agregan valor, ya que aportarán a la red dinamismo, diversidad y, lo más interesante, expansión.

Otro elemento clave de las redes vivas son los hubs o grandes conectores. Nodos que atraen y distribuyen gran cantidad de conexiones. Aquellos que en la vida social o laboral convocan a otros y los conectan entre sí. Y aquí otro teorema. Los hubs acortan la distancia entre todos los otros nodos. Esto quiere decir que facilitan que personas que no se conocían puedan encontrarse e interactuar.

Todos conocemos a aquellos que, por intuición, vocación, talento y oportunidades, viven y trabajan naturalmente en red. Desarrollan intereses y experiencias en múltiples áreas, y les interesa participar y colaborar.

¿Y existen hubs también en el plano mental? Sí, allí los hubs son los conocimientos y experiencias de calidad que sirven de articulador para conectar y procesar las nuevas ideas.

Por definición, las redes vivas son sistemas abiertos que se caracterizan por el contagio, la autoorganización y la viralización.

Pero el rasgo más notable de la dinámica de las redes es el llamado tipping point o punto de inflexión. Un sistema viene creciendo de manera lineal, y parece que nada está ocurriendo. Y en un momento inesperado, se dispara la propagación acelerada y expansiva, el crecimiento exponencial.

Estamos rodeados de fenómenos exponenciales, y es esencial conocer la dinámica de las redes vivas para poder intervenir en ellas. A veces con el objetivo de hacerlas colapsar y otras para facilitar su expansión.

En una epidemia, por ejemplo, el contagio sucede al comienzo de modo gradual, pero a medida que aumentan los casos la transmisión se multiplica. Debido al nivel de conectividad que existe entre las personas y las comunidades, más allá de estudiar las características de un virus, los expertos necesitarán investigar las redes de contactos.

Por eso, el modo de desarticular la red de contagios es aislar el núcleo, el primer círculo, impidiendo que se incorporen nuevos contactos. También detectar a los hubs, los nodos más activos que difunden el virus o bacteria en cuestión. Y lo mismo aplica a las redes terroristas o a las redes de tráfico. Habrá que investigar cuáles lazos y nodos hay que desactivar para hacerlas colapsar.

Al contrario, cuando se necesita difundir una idea, un producto, un proyecto, o promover un candidato político, se busca generar el efecto exponencial. Y aquí entran a jugar las nuevas herramientas virtuales. Lo digital ya no es sólo un modelo tecnológico sino un nuevo paradigma acelerador de todos los fenómenos. Hoy las redes sociales se viralizan a una velocidad que antes no conocíamos, con una dinámica de boca a boca en una dimensión descomunal. Y esto se puede replicar en cada persona y su propósito.

¿Si soy un joven emprendedor que quiere tener éxito, un vintage millennial que necesita seguir vigente, un ciudadano de a pie que cree que tiene algo valioso para compartir y difundir?

Tendré que evolucionar en mi modo de pensar, y aprender a generar conexiones inéditas entre personas, proyectos y recursos. Y abrirme a crear nuevas relaciones por fuera de mis círculos cercanos, activando la diversidad y los encuentros inesperados. Convocar a los conectores, esos que saben contagiar ideas y conectar personas. Desplegar la intuición para leer entre líneas el contexto y la empatía para sintonizar con los que me rodean.

Así, cuando pensamos y trabajamos en red nos abrimos a la posibilidad de que el tipping point nos sorprenda, y nos invite a participar del prodigio de lo exponencial.

Hilos1

Del círculo a la red
¿acaparar o compartir?

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