La Costa Brava, hoy

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Acantilados abruptos, bosques de pinos, calas recónditas y playas de ensueño definen la Costa Brava, uno de los litorales más pintorescos de España. Recibe esta denominación el sector litoral más septentrional de Catalunya, desde Portbou en la frontera con Francia hasta la desembocadura del río Tordera en Blanes. Corresponde a la fachada marítima de las comarcas del Alt y Baix Empordà y de la Selva, y en el interior tiene como punto de referencia la ciudad de Girona.

Este litoral peculiar debe su relieve accidentado a una serie de sistemas montañosos que caen en picado sobre el mar Mediterráneo, formando acantilados rocosos que le dan un aspecto salvaje, con pequeñas calas donde los pinos llegan hasta la orilla del mar y extensos arenales –como el golfo de Roses o la playa de Pals– que confieren variedad al paisaje.

La suavidad del clima, la luminosidad del cielo despejado por la tramontana y el encanto de las poblaciones marineras, atrajeron visitantes desde fines del siglo XIX, y fue poco después cuando el periodista Ferran Agulló utilizó por primera vez el nombre de Costa Brava, que se impuso rápidamente y pasó a designar este litoral. Escritores, músicos, artistas del país y extranjeros fueron los primeros en descubrir la Costa Brava, y la dieron a conocer al mundo. Es el caso de Pablo Picasso, Yves Klein o Marc Chagall, por citar solo algunos, pero fue sin duda Salvador Dalí quien dio a este rincón mediterráneo fama internacional. Nacido y fallecido en Figueres, la huella del pintor está muy presente en su localidad natal, donde se encuentra el Teatre-Museu Dalí. A pocos kilómetros surge Cadaqués, uno de los pueblos más emblemáticos de la Costa Brava, con sus casas blancas de pescadores, lugar donde se halla la Casa-Museo Salvador Dalí, en el paraje de Portlligat, el gran refugio del artista, donde pintó la mayoría de sus grandes obras. La Costa Brava ha tenido también un cronista de excepción, el escritor Josep Pla, quien utilizó el diminutivo de Petit Empordà o Empordanet para designar al entorno de su Palafrugell natal. En su inmensa obra escrita, Pla dejó una descripción de estas tierras tan detallada y enraizada en los paisajes y las gentes que hoy, a pesar del tiempo y de los cambios acaecidos, da la impresión que sus textos nos adentran en lo más profundo e inalterable del carácter ampurdanés.

La herencia artística y cultural de la Costa Brava también se pone de relieve en su inmenso patrimonio históricoartístico. Sin prisas y disfrutando de un paisaje de excepción, se pueden recorrer sus pueblos y admirar sus templos y monasterios románicos, como el de Sant Pere de Roda, en el Port de la Selva, la Ciudadela de Roses, las ruinas grecorromanas de Empúries –el yacimiento arqueológico más visitado de Catalunya–, el núcleo medieval de Pals o de Palamós, el recinto amurallado de Tossa de Mar, o un poco más en el interior, perderse por el inigualable casco antiguo de Girona, con sus calles sinuosas de piedras centenarias.

Mapa de la Costa Brava


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Sur de la Costa Brava


Las comarcas de La Selva y el Baix Empordà forman el sector meridional de la Costa Brava, con poblaciones marineras de larga tradición y una vida cultural intensa a la que han contribuido escritores y artistas atraídos por la belleza de sus parajes. Hacia el interior dominan los pequeños núcleos, masías y zonas residenciales de gran encanto.

La Selva presenta una fachada marítima marcada por un macizo granítico que es responsable del carácter abrupto de su costa, con acantilados que se precipitan al mar salpicados por pequeñas playas o calas. El paisaje presenta la belleza especial que le confieren la combinación del azul del cielo y del mar y el verde de una densa vegetación de pinares y matorrales.

Por su parte, el Baix Empordà es una comarca que armoniza una gran riqueza natural, una inmensa variedad de playas y un importante patrimonio histórico y cultural. Aquí se encuentran desde pequeñas iglesias románicas perdidas entre montañas tapizadas de alcornoques, hasta calas de difícil acceso con finísima arena dorada y un mar cristalino. Los macizos de Les Gavarres, Montgrí y las montañas de Begur conforman un rosario de colinas suaves y cimas redondeadas que al asomarse al litoral dan lugar a una costa escarpada y altiva, con pequeñas calas y arenales solitarios –solo interrumpidas la gran bahía de Palamós– donde los pinares se extienden hasta llegar al mar, formando un paisaje que hace honor a la denominación Costa Brava. Como una continuación de estas montañas frente a la costa, la Reserva Marina de les Illes Medes es un rincón de valor extraordinario por sus fondos marinos y uno de los sitios más importantes del continente para la práctica del submarinismo.

Las poblaciones ampurdanesas importantes se encuentran en la costa, donde el turismo ha incidido tanto en barrios y villas tradicionales como en nuevos complejos vacacionales. Las tierras interiores mantienen, sin embargo, vertientes boscosas y valles recónditos, lejos y a la vez cerca de la algarabía de la costa.

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Blanes

Marimurtra

Entre acantilados rocosos y tranquilas calas, la villa de Blanes se extiende a lo largo de cuatro kilómetros de litoral en el límite sur de la Costa Brava. La roca de Sa Palomera, en medio de la larga playa de Blanes, es el punto que marca el inicio de la Costa Brava. El pueblo destaca por albergar dos auténticas joyas botánicas: los jardines Marimurtra y Pinya de Rosa.

El punto más alto de la ciudad es la montaña de Sant Joan, con vestigios del castillo del mismo nombre, como una esbelta torre del siglo XI. En el núcleo urbano hay elegantes casas ochocentistas e importantes monumentos como la fuente gótica, valioso ejemplo del gótico civil catalán, que mandó construir la hija del conde de Prades, Violant de Cabrera, a finales del siglo XIV. También destaca la iglesia de Santa Maria, antiguo palacio de los vizcondes de Cabrera, de la misma época.

El jardín botánico Marimurtra acoge al visitante con la frescura propia de la vegetación exuberante, de los rincones sombreados por especies centenarias y acariciados por la brisa marina. Fue fundado por el investigador alemán Karl Faust hacia el año 1920 con la idea de hacer compatibles el disfrute estético con la organización de las plantas siguiendo criterios científicos. Para ello contó con la ayuda del microclima especial que envuelve este litoral. En la actualidad el jardín cuenta con más de 4.000 especies, dedicado fundamentalmente a la flora mediterránea y subtropical. Vale la pena visitar su gran estanque y bajar por la larga escalera que acaba en el templete de Linneo, desde el que se domina una impresionante vista.

El otro gran oasis de Blanes es el jardín tropical Pinya de Rosa, a las afueras de la población. Reúne más de 7.000 especies de todo el mundo, con una de las colecciones de cactus más interesantes de Europa. El jardín fue fundado por el ingeniero Ferran Riviere de Caralt, y su visita resulta interesante en cualquier época ya que sus colecciones botánicas ofrecen una floración escalonada a lo largo de todo el año, con la particularidad de que algunas de las grandes flores de plantas crasas se abren al atardecer y se ofrecen en su apogeo en plena noche.

Blanes cuenta con cuatro kilómetros de costa en la que se alternan pequeñas y atractivas calas, como Cala Treumal, Cala Bona o Punta de Santa Anna, con grandes arenales como la Playa de Blanes, situada en pleno centro de la villa y con todos los servicios para el visitante.

Oficina de turismo de Blanes Plaça de Catalunya, s/n. Tel. 972 330 348. Abierta todo el año, de junio a setiembre Lu-do 10-14 h y 17-20 h. www.blanescostabrava.cat
Jardín Botánico Marimurtra Paseo de Carles Faust, 9. Blanes. Tel. 972 330 826. Lu-do 10-17 h. Entrada general 7 €. http://marimurtra.cat
Jardín tropical Pinya de Rosa Camí de Sta Cristina s/n. Blanes. Tel. 972 350 689. Lu-do 10-17 h. Entrada general 5 €. www.pinya-de-rosa.es

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Lloret de Mar

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Esta villa marinera al sur de la Costa Brava es uno de sus principales núcleos turísticos. Cuenta con siete kilómetros de costa con calas recónditas, como Cala Canyelles, Cala Morisca o Sa Boadella y amplios arenales como Platja de Lloret o Platja Fenals.

El Museo Abierto de Lloret integra los atractivos culturales de la población y tiene su principal equipamiento en el Museu del Mar, ubicado en Can Garriga, un edificio de la época de los indianos que acoge el legado museístico relacionado con la historia marinera local, y en el que destaca una extraordinaria colección de maquetas de barcos. De la época indiana es también el edificio del Ajuntament, proyectado por los arquitectos Marí Sureda y Félix de Azúa, e inaugurado en el año 1872. De estilo neoclásico, las fachadas fueron enriquecidas con decoraciones de terracota realizadas por el alfarero lloretense Pau Arpí Galí.

En el casco urbano vale la pena visitar la iglesia de Sant Romà, levantada entre los años 1509 y 1522 en estilo gótico de transición al renacimiento, con retablos de pintura catalana del siglo XVI de Pere Serafí, conocido como “lo grec”, y Jaume Fontanet. En la capilla del Santísimo Sacramento, de estilo modernista, y en el Baptisterio se encuentran siete grandes pinturas que representan pasajes de la Pasión Cristo en las que se adivinan influencias venecianas.

Otro de los rincones modernistas más interesantes de la población es el cementerio municipal, por el que se puede pasear entre suntuosas sepulturas firmadas por arquitectos y escultores como Josep Puig i Cadafalch, Antoni M. Gallissà, Vicenç Artigas o Bonaventura Conill, entre las que destaca el panteón de la familia Costa Macià, obra de Puig i Cadafalch.

No hay que dejar Lloret antes de visitar los Jardines de Santa Clotilde, situados en lo alto de un acantilado entre Cala Boadella y la playa de Fenals, con impresionantes vistas sobre el mar. Este jardín botánico fue diseñado en 1919 por Nicolau Rubió i Tudurí utilizando con gran acierto las fuertes pendientes y la accidentada orografía. Se caracteriza por la influencia renacentista italiana y es una buena muestra del espíritu novecentista en Catalunya. Entre terrazas que se superponen, esculturas de mármol y el rumor incesante del agua, los Jardines de Santa Clotilde se caracterizan por la ausencia de flores, lo que contrasta claramente con la gran variedad de plantas.

Desde los extensos arenales urbanos, como la céntrica Playa de Lloret, con todos los servicios, hasta pequeñas calas escondidas, como la de Fenals, Santa Cristina, Cala Canyelles o Sa Boadella, la villa ofrece diferentes opciones para disfrutar del mar.

Oficina de turismo de Lloret Av. de les Alegries, 3. Lloret de Mar. A la entrada de la población por la C-63. Tel. 972 365 788. Abre todo el año, del 15/6 al 15/9 lu-vi 9-20 h, sá 9-13 y 16-19 h y do 10-13 y 16-19 h. www.lloretdemar.org
Museo del Mar Passeig Camprodon i Arrieta, 1-2. Lloret de Mar. Tel. 972 364 735. Abre todo el año, del 15/6 al 15/9, lu-sá 10-13 y 16-20 h. Entrada general 4 €. https://lloretdemar.org
Jardines de Santa Clotilde Paratge de Santa Clotilde. Lloret de Mar. Tel. 972 370 471. Abiertos todo el año, de abril a octubre lu-do 10-20 h. Entrada general 6 €.

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Tossa de Mar

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El perfil que le confiere el recinto medieval amurallado hace de Tossa de Mar una villa inconfundible e inolvidable. La llamada Vila Vella es el único ejemplo de población medieval fortificada que todavía existe en el litoral catalán.

Con siete bellas torres con matacanes, la Vila Vellaiglesia de San Vicente